Sirviendo a la Humanidad. Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey)

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El amor no es un sentimiento ni una emoción, tampoco un deseo o móvil egoísta para actuar correctamente la vida diaria. Amar es esgrimir la fuerza que guía los mundos y conduce a la integración, unidad e inclusividad, que impele a actuar a la Deidad misma. amor es algo muy difícil de cultivar, debido al egoísmo inherente en la naturaleza humana, y difícil de aplicar en todas las condiciones de la vida, y su expresión exigirá al máximo lo que pueden dar y el abandono de toda actividad personal egoísta.

. El amor en la Curación.

Todos aquellos que en el mundo son centros magnéticos deberán conti­nuar, de acuerdo a la luz que poseen, trabajando con la gente, a fin de ayudarlos, curarlos y auxiliarlos, para efectuar los reajustes necesarios. Nada debería evitar que ustedes emprendan este servicio, ni que comprendan que existen limitaciones e ignorancia. Hagan todo lo posible para alentar y Simpatizar, para señalar las actitudes indeseables, terminar con los erróneos modos de vivir y cambiar métodos mediocres de expresión sicológica hasta donde puedan advertirlos, y ello con la máxima capacidad posible. Recuer­den, no obstante, que el mejor método quizás no esté a la altura de sus capacidades futuras y deben estar siempre dispuestos a cambiar su punto de cuando se presenta otro superior o un método mejor. Sobre todas las cosas, den durante la vida, la máxima medida de amor a quienes buscan su ayuda, pues el amor libera, adapta e interpreta y cura en los tres planos.

Amor es la expresión de la vida de Dios Mismo; amor es la fuerza coherente que renueva todas las cosas (quisiera que reflexionen sobre esta frase) y amor es todo lo que es. La principal característica que establece la diferencia entre la energía del alma y la fuerza de la personalidad, tal como se aplica en la curación, reside en la zona donde se aplique y exprese el amor. La fuerza de la personalidad es emocional, plena de sentimiento y – cuando se la emplea – la personalidad es siempre consciente de sí misma como curadora y el centro dramático del escenario donde hay dos actores, el curador y el que debe ser curado. La energía del alma actúa inconsciente­mente y es manejada por quienes están en contacto con sus almas y, en consecuencia, descentralizados; ellos se hallan “fuera del escenario”, si pue­do emplear esta frase, dedicados completamente al amor, actividad y propó­sito grupales…

..permitan que el verdadero amor, en silencio, sin lamentaciones ni críticas y con firmeza, constituya su meta y la cualidad de su vida grupal. Después, cuando haya que realizar algún trabajo definido, actuarán como una unidad con un sólo corazón y mente.

. El Amor Universal

No se preocupen indebidamente. Para el alma no hay luz ni oscuridad, sino sólo existencia y amor. Dependan de esto. No hay separación, sino únicamen­te identificación del corazón con total amor; cuanto más amor demuestren, más amor puede llegar a otros a través de ustedes.

La hermandad es una gran realidad natural; todos los hombres son hermanos; bajo la diversidad de color, credo, cultura y civilización; existe solo una humanidad, sin distinciones ni diferencias en su naturaleza esencial, en su origen, objetivos mentales y espirituales, capacidades, cualidades, proceso de desenvolvimiento y desarrollo evolutivo. En estos atributos divinos (pues eso son) todos los hombres son iguales; sólo en relación con el tiempo y en la medida en que se ha progresado para revelar la divinidad innata en toda su plenitud, se han hecho evidentes las diferencias. Las diferencias temporarias y los pecados que la ignorancia y la inexperiencia manifiestan, han llamado la atención de las iglesias, excluyendo con ello la penetrante y aguda visión de lo divino que existe en cada hombre. Las iglesias deben empezar a enseñar la hermandad, no desde el punto de vista de un Dios trascendente y de un Padre externo incognoscible, sino desde el ángulo de la vida divina, eterna­mente presente en todo corazón humano, esforzándose siempre por expre­sarse a través de los individuos, las naciones y las razas.

Dejen correr la imaginación por un momento, e imagínense como será el mundo cuando la mayoría de los seres humanos se dediquen a hacer el bien a “otros” y no se ocupen de sus propias metas egoístas. Tal vuelo de la imaginación es bueno y constructivo y ayudará a traer a la manifestación ese nuevo mundo y ese nuevo tipo de humanidad que inevitablemente se evidenciarán en el futuro.

Mucho dependerá de lo que ustedes, y todos los hombres de buena voluntad y los discípulos, piensen y hagan. Quisiera recordarles otra cosa muy alentadora y es que el poder que manejan quienes tratan de vivir como almas y están en contacto con el alma y el mundo de realidades espirituales, está fuera de toda proporción según el sentido de poder y utilidad captado. Cuando se esfuerzan en manejar fuerza espiritual, constructiva y altruistamente, poseen más poder de lo que creen. Si a esta comprensión añaden el reconocimiento de que no están solos, que existen sin excepción en todos los países, en toda religión, grupo u organización, personas con visión similar a la de ustedes y con los mismos ideales y aspiraciones espirituales, pueden entonces avanzar con valor y con esperanzada fe.

Respecto a algunas de las cosas que pueden realizar, sugeriría lo siguiente. No permitan ser arrastrados por ninguna sicosis de temor, ni precipitados en ninguna actitud donde la ansiedad, la intranquilidad y el desamparo del mundo puedan abrumarlos. Esfuércense por permanecer en el ser espiritual. Cada semana, durante la meditación, traten de asumir esa actitud con una nueva y fresca determinación y mantenerla durante las horas de servicio que tiene por delante cada día. Esto no será fácil, pero pueden realizarlo si obtienen la suficiente calma durante cinco minutos cada mañana –completa e internamente— y si llenan sus días con una ocupación vital y un verdadero servicio, vigilando con cuidado todo pensamiento y cada palabra. (13-72/3)

La buena voluntad es la expresión más simple del verdadero amor y lo que se comprende más fácilmente. El empleo de la buena voluntad, respecto a los problemas que la humanidad debe enfrentar, libera a la inteligencia para la acción constructiva; donde hay buena voluntad se derriban las barreras de la separación y de la incomprensión.

Fragmentos del libro.

Sirviendo a la Humanidad

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

(Alice A. Bailey)

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